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Sobre los textos del Medioevo y Renacimiento


Cuando estábamos en la primaria, en la clase de Historia para ser precisa, una de las actividades que más se realizaban, además de resúmenes, eran líneas del tiempo, seguramente porque aquello nos mantenía demasiado ocupados mientras tratábamos de no revolvernos con tanta fecha y acontecimiento. A mí simplemente me causaban conflicto porque trataba de que las líneas me quedaran derechas y que las descripciones no chocaran unas con otras. A pesar de que esto no es una línea del tiempo en sí, este texto busca recalcar ciertos aspectos importantes del Medioevo y Renacimiento vistos en clase (con un poquitín sobre Modernidad e Ilustración solo a modo de comparación).
La humanidad ha pasado por momentos tanto de censura como de difusión y expansión de los centros de conocimiento; diferentes eventos han marcado un cambio en la manera de pensar de las personas, tanto si están a favor o en contra de regímenes, monarquías o cualquier otra forma de gobierno. Como ya se habló un poco de censura con anterioridad, ahora toca el turno de su antónimo, para lo cual es necesario valernos un poco de las ya mencionadas líneas del tiempo, pero sin acaparar tanto detalle que pueda hacer que este texto resulte abrumador.
En la época del Medioevo (siglo V – siglo XV), los monasterios eran lugares llenos de espiritualidad, arte y silencio a los cuales asistían monjes que vivían de manera entregada a Dios y aun así, su vida solitaria dio un pequeño giro al querer  “reunirse para tener algo en común”. Sin embargo, lo esencial en los monasterios era la vida religiosa y sólo subsidiariamente la cultura y la educación. Su aspecto intelectual era muy bajo pero en cambio fue muy elevado su lado moral y espiritual. Su finalidad educativa más importante era la formación de los monjes. Era al fin y al cabo, un comienzo. En este periodo aparecen obras tanto aprobadas como censuradas, tales como los textos de San Francisco de Asís, o Beowulf.
Después de la caída de Constantinopla, lo cual se considera el fin de la época anterior, el mundo de las artes entró en auge y la misma se caracterizó por el renovado interés del mundo grecolatino y el humanismo, llamándose Renacimiento. La curiosidad científica aparece, así como también se fortalece de nuevo la escuela de Platón en cuanto los estudios de la naturaleza. Además de retomar a Platón, personajes como Copérnico, da Vinci o Kepler dieron aportaciones importantes en el mundo de la ciencia o filosofía. En cuando a la literatura, los cronistas ayudaban a los privilegiados lectores a tener acceso a las conquistas de los nuevos mundos; los poetas tales como Shakespeare le daban al mundo algo de entretenimiento con  amor y drama, mientras que la Utopía de Tomás Moro mostraba a la sociedad ideal.
Con la llegada de la Modernidad (a partir del siglo XVI), se llega a la conclusión de que la verdad no la tiene Dios y que el hombre es un ser capaz de interpretar su palabra; Descartes después cuestiona desde la misma razón.
En la Ilustración (mediados del siglo XVIII), las críticas respecto a las formas de gobierno son más que sonadas, lo cual hace que haya acciones por parte de la sociedad; autores como Montesquieu con sus aspiraciones de libertad o Rousseau con frases como “el hombre nace libre, pero de todos lados está encadenado” no hacen más que mostrar el descontento hacia la opresión social y hasta educativa de aquella época.

Una de las cosas que resulta, no precisamente sorprendente pero llamativa, es el hecho que algunas escuelas o corrientes de pensamiento, por ejemplo la de Platón, hayan tenido importancia en un contexto distinto. Si bien no se dieron de tal manera en la época en que él u otro pensador o autor hayan vivido, esto puede concluir que si un grande llegara a surgir en nuestra época, puede que su gloria le llegue más de un par de años después, ya que puede que sus aportaciones lleguen a ser censuradas en algún momento o puede que el mundo no se encuentre preparado para tal movimiento.
La difusión de los textos y de las ideas se dio y sigue dando gracias a maestros y discípulos a lo largo de diferentes etapas dentro de la línea del tiempo de la literatura, ciencia y filosofía. Las nuevas ideas inspiradas por pensadores del pasado les han dado la oportunidad tanto de ser escuchados y, en la medida más grave, a ser censurados. Sin embargo, así como sus ideas evolucionan, también lo hacen las ideas colectivas de las sociedades. Esto mismo les ha formado un carácter a muchos pueblos, a tal grado que se busca en que la censura sea irónicamente censurada y que tengamos la oportunidad de contar con el conocimiento universal.
Bibliografía:
About Español: https://www.aboutespanol.com/que-es-el-renacimiento-2206950
Educación medieval: https://edumediaudenar3.webnode.es/educacion-medieval/educacion-monastica/
HB: https://historiaybiografias.com/monasterios
Quizlet: https://quizlet.com/203174616/epocas-y-movimientos-literarios-flash-cards/

Sobre la censura



La primera vez que leí sobre la palabra “censura” relacionada con algún libro fue en una revista. Tendría yo creo unos trece años y aquello estaba acompañado por una imagen de personas quemando libros de Harry Potter y con cruces en las manos. Era una imagen pequeña, pero considerando que Harry Potter era, y sigue siendo, parte importante en mi no tan corta vida, aquello me dejó con un mal sabor de boca y con la pregunta ¿por qué niños de otros lados no pueden leer la maravilla que yo estoy leyendo? Meses después, mis padres también tomaron la decisión de censurarme los libros porque me estaba obsesionando con ellos y porque era mejor si comenzaba a hacer otra cosa en vez de quedarme encerrada leyendo… obviamente no hice caso. 

Según a lo que pude investigar después, y recordando un poco el texto que leímos de María Carvajal, Harry Potter fue censurado en los Emiratos Árabes porque incentivaba a la brujería. Cuando yo era niña y leía la saga, sí llegaba a imaginar que dentro de unos años mis maravillosos poderes se desarrollarían, así que, si me pongo en los zapatos de mi católica madre de ese entonces, puedo concluir que mis delirios afectaban mi realidad un poco, pero… yo era una niña (¿tan malo era tener ilusiones?), simplemente tenía que crecer para darme cuenta que lo más importante de esos libros era la amistad que compartían los protagonistas, la unión familiar y que el bien tenía que triunfar sobre el mal. Para eso tuve que dar una segunda y tercera releída, algo que no hubiera podido hacer si en la iglesia le hubieran dicho textualmente a mi mamá que mi héroe era obra del Diablo… tal y como pasó con las caricaturas de Pokémon.

CENSURA. Pokémon fue sacado de mi vida y casi lo logran con una serie de libros porque un padre les dijo a los feligreses que esas eran cosas que no podían verse ni tenerse en casa. La censura es puesta por aquellos que tienen el poder. Esa frase fue mencionada en clase y ahí era donde quería llegar.
En el libro Censores trabajando se destacan puntos importantes que reflejan una idea clara de una censura a mayor escala:
  • Los libros no se publicaban en Francia sin que antes se sometieran a revisión
  • No se podían publicar libros que tuvieran ideas contrarias a las del rey
  • Se censuraban libros que simplemente no eran buenos
  • Los que se encargaban de censurar, también se dedicaban a editar
  • Se llegaba a considerar si los libros eran dignos de ser publicados
  • Al paso del tiempo, los lectores podían percatarse si sus libros contenían partes censuradas, ya que se ponían códigos en ellos (como puntos suspensivos)
  • No había castigos físicos, pero aquello llegaba a afectar relaciones laborales, para bien o para mal (chantajes)
  • Se contaba con un canon literario (lo leíble, lo aceptable) y los índices (libros prohibidos) 

Uno podría pensar que la censura de libros es algo del pasado, pero la libertad de expresión no puede ser absoluta. A continuación adjunto una pequeña lista de libros contemporáneos y las razones por las que fueron censurados en un mundo en donde la información tiene cada vez más alcance debido a los medios de comunicación masiva (más recientemente con el internet):

Rebelión en la granja – George Orwell
Por su crítica a las élites del poder.
Obras completas – Julio Cortázar
En este caso, el censurado fue el autor. Se le incluyó en la lista negra de la dictadura militar en Argentina.
El código Da Vinci – Dan Brown
Por hacer ficción con pasajes de la vida de Jesús.
Diario – Ana Frank
Por la dureza de los hechos que se narran.
Sherlock Holmes – Sir Arthur Conan Doyle
Al igual que Cortázar, este fue un autor censurado debido al ocultismo mencionado en los libros.
Lazarillo de Tormes
Por sus críticas a la iglesia.
Persépolis – Marjane Satrapi
Por la descripción de Irán en tiempos de guerra en sus páginas.
Charlie y la fábrica de chocolate – Roald Dahl
En este caso hubo autocensura, ya que el autor decidió cambiar la descripción de unos personajes.
Los viajes de Gulliver – Jonathan Swift
Por su visión anticolonialista y fraternal entre naciones.
Madame Bovary – Gustave Flaubert
Por las situaciones de adulterio, ya que atentaba contra la moral.

No importa si el libro es sobre un niño huérfano que lucha por salvar al mundo y a sus amigos, no importa si los animales poseen la misma inteligencia que los humanos, estos libros inocentes pueden ponerse a la par de aquellos que describen guerras reales vistas por los ojos de unas niñas y pueden a censurarse si tienen una idea contraria a la de un rey, a la de una religión, a una forma de gobierno. No importa cuán grande sea. Pero como bien se mencionó en clase: [la libertad de expresión no puede ser absoluta pero] no es el caso del libre pensamiento.

Bibliografía:

IberLibro: https://www.iberlibro.com/libros/libros-censurados-prohibidos/index.shtml
La censura literaria de María Carvajal
Libros en llamas. Historia de la interminable destrucción de bibliotecas de Lucien X. Polastron
Censores trabajando: De cómo los estados le dieron forma a la literatura de Robert Darton

Sobre los textos religiosos


En una de mis clases de la maestría nos han pedido que redactemos sobre lo visto en clase para que poco a poco vayamos adquiriendo un estilo propio al momento de escribir, de manera que uno diga “Ah, esto lo escribió tal”, o algo así se mencionó. Pues bien, esta es mi manera de escribir, casual, no rimbombante y de manera errante. Este es tal vez un enfoque equivocado, pero tengo que deshacerme de este writer’s block al menos en esta tarea.

Antes de abordar el tema, se suponía que cada uno leeríamos un capítulo del Libro Judío y al final todos leímos el mismo. El texto que escogimos fue Geografía urbana y palabra impresa, y en él pudimos leer sobre el creciente número de bibliotecas especializadas sobre libros judíos en Argentina en las primeras décadas del siglo XX.

Tanto en la urbe como en las pampas, los recién llegados se agruparon para no perder sus raíces, evitar el aislacionismo y compartir tanto penas como esperanzas. Crearon instituciones sociales, culturales, educativas, políticas, laborales, socio-deportivas y religiosas.

En lo que se refiere a las bibliotecas, era difícil establecerlas por la falta de fondos  para comprar los primeros libros. Sin embargo, hubo un cambio favorable en la circulación de ejemplares en la posguerra, ya que hubo una baja en los precios de libros importados. Se destacaron autores como Tolstoi, Gorki, Nietzche y Dostoievski, y entre los géneros importantes se encontraban los cuentos, novelas, libros de historia, de antisemitismo y de filosofía.

Con el paso del tiempo y debido a la cantidad de judíos en el área, Argentina fue el hogar de las editoriales judías Zlotopioro Hermanos y Julio Kauffman. Sin embargo, no se podían tener publicaciones periódicas en ídish; además de necesitar tipos hebreos, necesitaban de correctores capacitados que le dieran un visto bueno al trabajo, por lo que muchas otras editoriales se dedicaron en publicar en castellano.

Al contrario de lo que los judíos en Argentina buscaron hacer (que los jóvenes se cobijaran con la cultura de sus ancestros), y dando un poco un giro, pudimos ver ejemplos de aquellos tiempos en que la difusión de lo impreso tenía sus limitantes (en vez de que alguien se cobijara de una cultura, tenían que adoptar solo aquello que era moralmente aceptable).

Como ejemplos vimos la época de las cruzadas, en donde se empiezan a difundir libros populares, como los de las historias caballerescas, las cuales se llegaron a considerar como historias prohibidas debido a que esos textos relataban fantasías y no realidades como lo era en aquel entonces la Biblia y sus textos paralelos (plegarias, oraciones).

Los textos religiosos han sido un mecanismo de control de las masas, han dictado lo que está bien y lo que está mal a lo largo de la historia, prácticamente dicen la manera en que uno debe vivir y hasta lo que se debe pensar. Tomando textos de la iglesia católica como ejemplo, ya que desconozco del contenido de textos de otras religiones, considero buenos apartados a los diez mandamientos, los actos de contricción para aquellos que no hayan seguido estas reglas y la manera en que debe venerarse a Dios.

Acto de contricción 1 (porque claro, depende del tipo de pecado cometido):


Suena fácil llegar al perdón, pero hay un truco: para llegar al perdón absoluto, se tiene que hablar con un intermediario, el sacerdote, relatar los pecados cometidos o los sentimientos de culpa, recibir una penitencia y finalmente recibir una absolución. El poder recae entonces en una persona terrenal y no en un ser celestial. ¿Será acaso que la iglesia católica se haya dedicado a aprovecharse de este pequeño detalle a lo largo de la historia? Aun así, a pesar de la rigidez de la iglesia para con feligreses, resulta interesante  como es que el dogma de esta y otras religiones, que siguieron por siglos un texto sagrado por tantos años prácticamente al pie de la letra, se hayan visto en la necesidad de aceptar que la biblia no se trataba solamente de historia, sino que era necesario que las personas pudieran distinguir entre lo real y lo imaginario, así como también llegar a un análisis de lo descrito.Las siguientes definiciones y ejemplos, fueron tomados de la página oficial de los Testigos de Jehová (2018):

En las metáforas y símiles suelen compararse dos cosas. Por un lado está aquello de lo que realmente se habla, el término real; y por otro, aquello con que se lo compara, el término imaginario. Y lo que ambas cosas tienen en común lo llamaremos punto de comparación. Así que la clave para entender estas figuras es saber identificar estos tres elementos.


Es claro que con la cantidad de información que hay en nuestra época es difícil controlar a las masas de la misma manera en que se hacía antes. El miedo a Dios que se infundía anteriormente no es el mismo de ahora y hay mucha gente que incluso de manera motivada desafía todo lo que sigue siendo moralmente bueno. Pero, quién sabe, a lo mejor en algunos años algún libro perdido de la Biblia aparecerá, hará una mención sobre un manto pintado de los colores del arcoíris y nos tocaría a nosotros encontrar la figura retórica, el término real… Pensándolo bien, probablemente ya apareció y se encuentra ya hecho cenizas, cual alma pecadora en el infierno.  

Bibliografía:

Testigos de Jehová: https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2009326
Comunidad Judía Amia: http://www.amia.org.ar/index.php/content/default/show/content/21
Rosario Católico: http://www.rezarelrosario.org/contenido.asp?seccion=6






Sobre la lectura




Este es un texto ficcionalizado para una clase de la maestría. El propósito es informar un poco sobre la evolución de la lectura durante los años 2000-2020... pero soy una ridícula, así que me fui un poco más allá:

Hoy cumplí 70 años. Acabo de llegar del restaurante en donde celebré con mi familia y lo primero que hago después de bañarme y ponerme la pijama, es buscar mis lentes para leer un rato. Apago la luz, me acurruco en la cama y los lentes se encienden. Mis ojos buscan el título que mi hermana dijo que habría en mi biblioteca virtual como regalo de cumpleaños. No me toma nada de tiempo, ya que el nuevo título brilla a diferencia de los otros. El libro se abre al momento y las letras aparecen frente a mí, como si flotaran. Mis ojos ya no tienen que configurar ni el tipo ni el tamaño de la letra o el ritmo de lectura, solo me deshago del audio para poder tener una lectura normal.

Una lectura normal…

Es curioso cómo lo normal cambia de una época a otra. Yo solía leer de una manera muy distinta… ¿Hacía cuánto de eso ahora? ¿15 años desde que me rendí totalmente al vicio de leer de manera puramente digital? ¿Más? Cuando tenía casi 30 no hacía más que pensar en ampliar mi biblioteca física de libros, y a pesar de que no tenía demasiados como hubiera deseado, me sentía orgullosa de lo que ahí había. Pero el incendio llegó y se llevó nuestra casa, nuestras fotos… mis libros. Ahí había de todo: libros pequeños de la infancia, algunos clásicos que no había leído completos por lo enormes que eran, una increíble pila de libros por leer… pero eran todos míos, por regalos o por berrinches.

Obviamente mi biblioteca no era la de Alejandría, pero de igual manera no creo necesario decir cuánto lloré. Curiosamente, mi Kindle, que tenía más de 50 libros, sobrevivió porque ese día lo llevaba conmigo, pero aquel Kindle no era de la primera generación de 2007, esa que simplemente tenía la función de ser un lector electrónico y ya, el mío era de hecho de la octava generación, aquella que además de lector era de los que a la vez podían tener todas las aplicaciones de un teléfono, lo cual era mucha distracción. El caso es que… esos 50 libros no los podía tocar, ni oler… pero al menos quedaban guardados en un lugar donde el fuego tal vez podría dañar al dispositivo, pero no las obras. Lo cual es irónico considerando que Kindle significa encender.

Yo solía tener una relación amor-odio con el aparatito desde antes del incendio. Odio porque no consideraba a aquello leer, leer, pero amor porque me gustaba descargar los libros que había gratis en la tienda y sí, también terminaba descargando PDFs que no eran copias autorizadas. Aunque aquello tenía una ventaja: a pesar de que en un principio quería tener una biblioteca enorme, sabía que aquello era muy difícil debido a lo económico, así que el tener copias virtuales gratis o PDFs, me ayudaba a la hora de escoger qué comprar. Así que leía un libro de ahí cuando no me distraía, lo compraba en físico si me gustaba, con la portada más linda que pudiera encontrar por cierto, o lo borraba del dispositivo para no saber más de él si resultaba ser una decepción. No lo niego, aquel método de búsqueda de tesoros era divertido.

Antes del incendio y por allá de 2011, yo tenía un blog, pero después decidí mudarme a la página de Goodreads, en donde una comunidad enorme de lectores compartía sus reseñas, calificaciones hacia los libros y escritos propios, aunque lo último era lo menos frecuente. ¡Esa página era el verdadero Face-book! Aquello hizo que comenzara a escribir mis propias reseñas, que no eran tan buenas ni extensas como las que había ahí, pero eso me entusiasmaba a leer más y a hacer comparaciones. Las maneras en que se recomendaban los libros o las maneras de saber sobre ellos cambiaban de manera un tanto brusca pero satisfactoria. Había otro método que también me encantaba para el proceso de lectura, pero para ello utilizaba el celular. No, no me ponía a leer directamente ahí, sino que había páginas, como Tumblr e Instagram, en donde usuarios compartían fotos de manera muy artística de los libros que leían en el momento o que les gustaban, eran fotos tan maravillosas que parecían sacadas de algún estudio. Así que, gracias a todo ello, mi biblioteca estaba adquiriendo un toque colorido, tanto de manera literal como metafórica. Tuve también el placer de conocer a una Booktuber y de ver sus reseñas en vez de leerlas desde que estaba en la universidad, alrededor de 2010. Escuché audiolibros y descubrí que me gustaban más si eran los mismos autores quienes leían. ¡Eran libros y libros por doquier y aquello no podía ser más perfecto! 10 años después, era como si no hubiera hecho nada.

Sí volví a comprar libros, sí volví a recibirlos como obsequios en San Valentín o cumpleaños, pero el miedo a perderlos otra vez era más fuerte, por lo que dejé de llenar estantes casi a los 40. También me ganó el impulso porque los Kindle eran cada vez más hermosos. Recuerdo que me volví loca cuando la versión con proyector salió. ¡Tenías tu libro proyectado y parecía que lo tenías justo frente a ti para cambiar la página sin tocar la pantalla! Años después, sentía que ya había vuelto a recuperar casi todos los títulos de mi juventud de manera más barata y todo guardado en la nube. Sin embargo, los que llegaban a mi casa a visitarme ya no veían estantes con libros, ni preguntaban “¿A poco has leído todo eso?” Ya nadie se detenía a mirar si teníamos gustos en común, y si llegaban a tener la más remota curiosidad, podían ver mi inventario en TBR, sucesor de Goodreads (que crecía más que nada en la sección Libros que quiero leer). ¿Aquello hería mi ego? Pues sí.

Aún en el año 2061, en donde ahora me encuentro, los libros se siguen leyendo, coleccionando, publicando en físico. Sin embargo, los lectores siempre se han ido adaptando a sus necesidades. El mundo avanza cada vez más deprisa, por lo que comprar en línea, guardar los libros para después y leerlos cuando se tiene tiempo desde cualquier dispositivo electrónico es una ventaja fascinante. A los 26 años, yo no consideraba siquiera cambiar los libros por una pantalla, pero ahora me doy cuenta que lo importante no es el cómo leer, sino el poder leer.